El sueño de un músico que se llevó a cabo en cuatro diferentes ciudades de la República; el de Juan Manuel Ramos, alumno de campus Saltillo, tocando con el Mariachi Vargas de Tecalitlán

Yanira Cruz | Campus Saltillo

“Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, Cielito Lindo, los corazones”.

El coro de más de dos mil personas cantando este último verso significa que se aproxima el final de la primera función. "¿Quieren otra?", pregunta uno de los integrantes del mariachi, y así da inicio "El Son de la Negra".

Bailarines, la orquesta y el Mariachi Vargas de Tecalitlán reciben una ovación de pie por parte de la multitud al terminar esta última canción; en ese momento se sabe que todo el trabajo valió la pena.

Querétaro es la primera parada en la gira que forma parte de la celebración del 75 aniversario del Tec y, como tal, un día lleno de muchas emociones.

El tráfico que parece interminable obliga a la compañía a abandonar su transporte y correr tres calles hasta el auditorio. Cansados e inquietos, a 10 minutos de que empiece la función, preparan sus instrumentos y se acomodan en sus lugares.

El director da la señal y comienzan los primeros acordes. Los nervios y la tensión se sienten en cada movimiento mientras se escucha el son del "Huapango" de José Pablo Moncayo.

Al tiempo que los reflectores se apagan, una noche mágica invade el teatro y el escenario comienza a llenarse de estrellas, pero éstas no son astros, sino músicos.

Con la presentación del mariachi, una lágrima cae sobre la trompeta de Juan Manuel Ramos, una lágrima de felicidad y orgullo al saber que realmente estaba pasando lo que había esperado con tantas ansias.

Juan Manuel y el Mariachi Vargas

 

¡Que viva el mariachi! Se le eriza la piel y la adrenalina comienza a recorrer todo su cuerpo como una corriente eléctrica. De pronto todo lo que había pasado ese día queda atrás y solo importa una cosa, tocar.

Un viaje lleno de imprevistos, zapatos perdidos, violines olvidados y carteras desaparecidas definieron el tramo hacia lo que sería el segundo concierto en Monterrey.

Mientras el músico se acerca al auditorio, los ánimos se calientan al escuchar la tercera llamada. Un día más cumpliendo su sueño.

De nuevo, la señal del director y comienza la primera canción. Así suenan el trabajo duro y las desveladas, así es como suena la pasión.

Cada concierto era como un sueño para el músico. Cada concierto estaba lleno de emociones imposibles de explicar, pero ninguno como tocar en su tierra, sintiendo el orgullo de representar a Saltillo y sabiendo que las personas más importantes en su vida estarían ahí para verlo y escucharlo.

Domingo, el día del concierto y el día del cumpleaños de su madre. Los nervios de nuevo comienzan a surgir y entre la audiencia puede reconocer a sus compañeros, más no a sus padres.

Juan Manuel levantándose ante la petición del Mariachi Vargas

 

Tenemos un compañero de Saltillo, ¡Juanito, levántate!

Para Juanma es un honor poder tener esta oportunidad. Al levantarse una mezcla de emociones surgieron y de nuevo la adrenalina recorrió todo su cuerpo.

¡Queremos felicitar a la madre de uno de nuestros compañeros!

Al escuchar estas palabras, un sonrisa de par en par invade su rostro y lanza un beso al aire, esperando que en alguna parte del auditorio su madre pueda recibirlo.

Juan Manuel abrazando a su madre después de la presentación

 

“Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, Cielito Lindo, los corazones”.

El coro de más de mil personas en este último verso significa que se aproxima el final de la última función. "¿Quieren otra?", pregunta uno de los integrantes del mariachi, y así da inicio "El Son de la Negra".

La parte que más había esperado de la función, el poder ponerse de pie y tocar hombro a hombro con el mariachi. Es ahí cuando entre la multitud divisa el rostro de orgullo de sus padres y emociones inexplicables lo llenan. 

Después de los aplausos, la adrenalina y todas las emociones en la función, es hora de despedirse de los amigos que hizo en el camino, aunque no para siempre, sino hasta la próxima presentación.

 

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