“A veces tenía suficiente para comer, a veces no” son las palabras con las que Cándida Torres rememora parte de su vida al intentar graduar a sus dos hijos de la universidad.
Por Fernanda López y Luis García - 29/05/2019

Fernanda López y Luis García | Campus San Luis Potosí

Muchas veces se obvia lo que nuestros padres han hecho para darnos educación, comida y amor. De vez en cuando debemos reconocer los sacrificios, como el de la señora Cándida Torres.

En el evento "Misión cumplida", Cándida Torres Padrón, madre de dos ex-alumnos del Tec de Monterrey en San Luis Potosí, nos cuenta la experiencia que vivió durante los años de estudios de sus hijos.

“Misión cumplida” es un evento dedicado a que los padres de familia de los nuevos EXATEC expongan sus experiencias durante la vida universitaria de sus hijos".

Cándida Torres, conversando con la directora de LIN
Cándida Torres, mamá Tec

“Soy jubilada del IMSS desde el 97, pero en el 2010 me reincorporé en módulos de IMSS para así poder pagar los estudios de mis hijos”, relata. Es madre divorciada desde hace 21 años y ha tenido que sacar adelante los estudios de sus hijos.

“Había días en los que yo decía ‘ya no puedo’, pero seguía”, nos comenta “Los maestros de secundaria y primaria de mis hijos me decían que ellos eran inteligentes y que luchara por mantenerlos estudiando”.

Mientras su hijo mayor estudiaba la secundaria, se fueron a Estados Unidos. Fue ahí donde el mayor aprendió inglés. Poco tiempo después regresaron a vivir a San Luis Potosí.

Ambos hijos entraron a la universidad en el Tecnológico de Monterrey en San Luis Potosí, en Licenciatura en Negocios Internacionales.

La señora Padrón, hablando con la directora de carrera de sus hijos
La señora Padrón, hablando con la directora de carrera de sus hijos

“Hubo una temporada en la que tuve que sacar a mi hija de estudiar porque ya no podía pagar su carrera”, comenta la señora Torres, “Pero no me rendí, continué trabajando y me acerqué a Admisiones para solicitar una beca”, rememora con orgullo.

“Trabajé en una comunidad llamada Cañada de Yáñez. Ahí, permanecí encerrada en cuatro paredes”, recuerda Cándida.

Ahora, la señora observa cómo su hija menor se gradúa de tan prestigiosa institución, con una sonrisa en el rostro “No me la creo, mi corazón se quiere salir de emoción”, finaliza.

En el evento se escucharon otras historias de padres dándolo todo por el bienestar de sus hijos.

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