Alumnos de carreras de ingeniería coordinan el servicio social MiniRobótica, a través del cual buscan que los niños se familiaricen con la ciencia y la tecnología

Lorena Morales | Campus Monterrey

“De grande quiero ser ingeniero en robótica. Me gustaría hacer robots para ayudar en la medicina y revolucionar el mundo”, comparte Jonathan Zabala Peña, quien tiene 11 años y cursa el sexto año de primaria.

Él es parte de los 300 niños que en el semestre agosto-diciembre 2017 toman clases impartidas por alumnos del Tecnológico de Monterrey que conforman Mini Robótica

Que niños y adolescentes “vean el mundo de posibilidades que existe a través del estudio”, es parte de la misión de Mini Robótica, servicio social coordinado por alumnos que estudian ingeniería en el Campus Monterrey, el cual cumple una década de existencia

“Es una forma de acercar a los niños a temas con los que no se familiarizan hasta que llegan a preparatoria"

“Es una forma de acercar a los niños a temas con los que no se familiarizan hasta que llegan a preparatoria. La idea es que ellos vayan encontrando un amor en la ciencia -principalmente robótica, mecánica, programación- que no son comunes en los planes educativos básicos”, describe Marcelo Martínez, alumno de Ingeniero en Sistemas Digitales y Robótica(ISD), quien es uno de los coordinadores este semestre del proyecto. 

La visión del grupo que conforma este servicio social es clara. “Queremos eliminar la deserción escolar en el Estado de Nuevo León”, plantea Estefanía San Martín, también coordinadora actual de Mini Robótica, estudiante de Ingeniería en Mecatrónica (IMT). 

Para lograrlo, cada semestre abre una convocatoria para invitar a niños, principalmente de escuelas públicas, a ingresar al curso. Así, cada sábado, las aulas del CIAP cambian las habituales clases de carreras profesionales para dar paso a niños que, a pesar de la inquietud de la propia edad, atienden con interés las explicaciones de los alumnos del Tec. Son alrededor de 80 los estudiantes del Campus quienes participan este semestre como instructores en Mini Robótica. Cada uno guía entre seis y ocho niños. 

“Les enseñamos cómo programar, cómo utilizar sensores, cómo usar motores, para que ellos, mediante prácticas, se vayan enamorando un poquito de lo que hacen”, señala Marcelo.

Para facilitar el aprendizaje, durante el curso trabajan con kits especiales para niños de entre 10 y 17 años; para contar con ello o reponer alguna pieza cuando sea necesario, su labor también implica conseguir patrocinios y generar sus propios recursos, con el propósito de que los padres de familia de los niños sólo hagan una aportación voluntaria según sus posibilidades. 

Acciones de trascendencia 

La labor en estos 10 años no ha sido fácil, pero sí gratificante, comparten alumnos que en este tiempo han formado parte de Mini Robótica. El inicio, como programa piloto, comenzó con tres alumnos de IMT atendiendo a 15 niños. 

“La dirección de la carrera IMT tenía tres equipos (kits) en aquel entonces que no se utilizaban; entonces a uno de mis compañeros, Daniel Muñoz, le comentaron que podíamos hacer uso de ellos para crear algo que tuviera que ver con lo que veíamos en la carrera”, relata Mario Verdugo, egresado de IMT, uno de los fundadores de Mini Robótica. 

Para el siguiente semestre, el proyecto evolucionó a ser un programa de servicio social dentro del Campus Monterrey, en el cual 10 alumnos brindaron atención a 20 niños. Con el paso del tiempo, ha habido semestres en los que se han atendido hasta 600 niños. 

“Me encuentro impartiendo clases en el TecMilenio de mecatrónica, y me encontré a dos jóvenes que están estudiando que empezaron aquí en MiniRobótica; uno ya se graduó y el otro se gradúa el otro semestre. Es una satisfacción muy grande saber que los ayudamos en algún grado a definir su vocación, que les ‘plantamos la semillita’ para que pudieran elegir estudiar una ingeniería”, comparte Verdugo. 

“Mini Robótica me ha dado la oportunidad de poder entregar algo de lo mucho que se me ha dado para poder hacer un cambio en mi entorno; doy algo de mí para que los niños quieran ser mejores y continúen con sus estudios”, señala Estefanía. 

Este compromiso que comparten quienes integran MiniRobótica ha logrado hacer eco en los niños y adolescentes que toman los cursos.

“Quiero ser ingeniera en Mecatrónica, porque me gusta mucho armar y programar. También porque tengo nuevos puntos de vista y nuevas ideas. Además, me gustaría que más niñas comprobaran que sí se puede”, opinó Karen Ríos, de 12 años, alumna de 1ero. de secundaria y actual beneficiaria de Mini Robótica.

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