Paola Urbani, profesora de italiano e inglés del Departamento Regional de Lenguas del campus Monterrey, comparte una reflexión en torno al pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
Por Paola Urbani - 12/03/2019

Columna 'Torre de Babel' | campus Monterrey

En Italia, como en México, algunos días del año son más especiales que otros porque se festeja a alguien en particular: mamás, papás o niños, entre otros. Seguramente, uno de los días con más atención mediática es el del Día de la Mujer, que se festeja a nivel internacional el día 8 de marzo.

La elección de esta fecha no ha sido casual. Históricamente, este día les rinde homenaje a las conquistas sociales y a los derechos de género por parte de las mujeres.

Ya, a partir de la primera década del siglo XX, los grupos socialistas y comunistas empezaron a tener, en diferentes países, congresos dedicados a la introducción del sufragio universal para las mujeres y a instituir jornadas internacionales para ellas.

En 1977, la Asamblea General de las Naciones Unidas propone que todos los países dediquen un día a los derechos de las mujeres, declarando así el 8 de marzo como fecha oficial.

Otra versión atribuye el origen del Día de la Mujer a un triste acontecimiento en una fábrica en Nueva York, donde 129 obreras perdieron la vida a causa de un incendio. Hoy en día, en el Bel Paese, el Día de la Mujer se ha despojado de todo carácter histórico y se ha transformado en una ocasión para celebrar la femineidad.  

Su símbolo es una flor conocida como Mimosa. ¿Por qué? En 1946, la Unión de Mujeres Italianas, buscando un símbolo que las representara, se vio obligada a escoger la mimosa, ya que es una de las pocas flores que brotan a inicios de marzo

Es el hombre quien la regala a la mujer, y no necesariamente el compañero de vida. La puede regalar un amigo, un compañero de la escuela, un colega del trabajo, el papá, o, incluso, pueden entregarla desconocidos en las calles de las ciudades.

Es un símbolo que no se acompaña necesariamente con pretensiones románticas, y que quiere exaltar el valor de la femineidad. Cada 8 de marzo, la mimosa no puede faltar.

En este día, las mujeres se sienten particularmente especiales. Todo el mundo les hace reverencia. Todos los ojos son para ellas. Todo gira alrededor de ellas.

En la noche, los restaurantes, los salones de baile y los bares se llenan de mujeres -solo mujeres-, que aprovechan la ocasión para estar en compañía de amigas y para concederse aquella atención que, por lo general, proyectan hacia la familia o el trabajo.

No es simplemente una fiesta, es mucho más. Es un ritual que libera a la mujer de su papel familiar y social que viste diariamente, y que la llena de autoestima y consciencia de su propia unicidad.

Paola Urbani
Paola Urbani es profesora de italiano e inglés del Departamento Regional de Lenguas en el campus Monterrey.

 

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