Profesora del campus Monterrey habla sobre el acervo bibliográfico de esta biblioteca, el cual consta de más de 45 mil libros antiguos
Por Luz María Sierra | Torre de Babel - 12/06/2020

El mundo no estaría completo sin los acervos bibliográficos. No podríamos imaginar el avance de las civilizaciones sin el universo de conocimiento que el ser humano va descubriendo y generando a través de los tiempos.

Hoy, en pleno siglo XXI, tenemos repositorios electrónicos en donde se consulta todo tipo de información en una página de internet.   

Siglos atrás no se imaginaba que esto pudiera suceder, así que las bibliotecas surgieron como sitios privilegiados donde se reunían todos los saberes, este es el caso de la Biblioteca Palafoxiana.

Este repositorio bibliográfico novohispano, calificado por los expertos historiadores como extraordinario, está situado en la ciudad de Puebla.  

La Palafoxiana, como se le suele nombrar, tiene una vasta colección de libros impresos que datan de 1473 a 1821 y está ubicada en el Antiguo Colegio de San Juan dentro del Seminario. Fue fundada por Juan de Palafox y Mendoza en 1646 y posee una colección de 45,058 libros antiguos. 

Palafox fue obispo de Puebla, fundó el convento de las dominicas de Santa Inés, construyó los colegios de San Pedro, donde se ensañaba retórica, canto llano y gramática, así como el de San Pablo para grados académicos. 

Con la imprenta en auge, los libros en el siglo XVI eran considerados tesoros de valor incalculable, Palafox supo capitalizar las ideas de Gabriel Naudé, quien en Francia fue el primero en publicar un manual de biblioteconomía.

Las ideas de Naudé promovían la apertura de las bibliotecas a todo público y  además establecía que cumplían una función social.

Palafox donó su biblioteca personal con cinco mil volúmenes. Para acrecentar el acervo de la Palafoxiana, el obispo Francisco Favian y Fuero en 1773 también donó sus libros a esta biblioteca.

Como signo del estudio de la ciencia y su avance, se colocaban en el sitio globos terráqueos, astrolabios y relojes; los estantes estaban protegidos con mallas para evitar el robo; los libros tenían marcas de fuego y exlibris como seña de propiedad. Si alguna persona robaba un libro era excomulgada.

Los temas del acervo tratan de religión, medicina, lingüística, gramática, geografía y derecho civil.

De los tesoros invaluables que tiene la biblioteca están los incunables (libros impresos a partir de 1453 durante los albores de la imprenta) como Los Nueve Libros de la Historia impreso en 1473, escrito por Herodoto; El Vocabulario, de Alonso de Molina, que data de 1571 y  De Humani Corporis, de Andrés Vesalio , impreso en 1543.

La UNESCO reconoció a la Biblioteca Palafoxiana en 2005 como Patrimonio Cultural de la Humanidad, al inscribirla en el Registro Memoria del Mundo.

La idea de Palafox de crear una biblioteca abierta al público, sin duda, expresa su espíritu de apertura hacia el conocimiento y de libre pensamiento que ha perdurado hasta nuestro tiempo.

Luz María Siller

*Luz María Sierra Siller es maestra en Letras Españolas, profesora del Departamento Regional de Lenguas Modernas del Tec de Monterey y colaboradora del Centro de Escritura del campus Monterrey.

Twitter: @lsierra­_3

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