Angélica Valencia, directora de Servicios Académicos, nos habla de la importancia de los sistemas de conocimiento.

Angélica Valencia | Opinión | Profesora del campus Hidalgo

 

Los sistemas de conocimiento han hecho parte de la existencia humana desde sus inicios. Con un menor o mayor grado de desarrollo, estos sistemas y su protagonista, el ser humano, han buscado dar explicaciones a los diferentes eventos de la vida. El conocimiento inicia con la comprensión y reflexión de los hechos simples que rodean a los seres humanos. Fue así como se descubrió, por ejemplo, que la tierra era redonda o la ley de gravedad. Hoy por hoy, el conocimiento representa un valor económico de grandes dimensiones para las organizaciones y el mundo en general.

 Los inicios de los grandes descubrimientos datan de hace aproximadamente 2,000 años. El estudio de las ciencias y sus aportes eran fuertemente valorados por los gobernantes. No en vano se llegó a tener la invaluable Biblioteca de Alejandría y se dio origen al papel. Desde entonces, se daba valor al conocimiento como elemento clave de la supervivencia humana. Hubo después una época de adormecimiento que terminó con la llegada del Renacimiento en Europa y con el cual se daba la revaloración del conocimiento y sus descubrimientos.

 Surge entonces la pregunta: ¿Será acaso esta nueva Era del Conocimiento un nuevo intento por valorarlo y comprender finalmente que somos forjadores de nuestro propio destino basados en las experiencias que tras largos años hemos adquirido? El conocimiento constituye un valor en sí mismo. Como todo valor, representa un activo que debe ser cuidadosamente tratado y explotado para el beneficio común, se trate de una organización o bien del mundo entero. Este es quizás el mensaje más claro que nos deja la historia: la capacidad de construir nuestro propio destino a partir de nuestro entendimiento de la realidad.

 Ahora bien, como activo, el conocimiento requiere un sistema que nos permita procesarlo y aprovecharlo eficientemente, mucho más ahora que la masa informativa nos desborda por completo. En este sentido, las universidades juegan hoy un papel fundamental para la adecuada comprensión, producción y aprovechamiento del conocimiento. Se deben generar sistemas para impulsar la aproximación al conocimiento desde sus dimensiones reflexivas y prácticas. Las primeras deben impulsar el análisis del conocimiento desde su origen. Por su parte, las segundas ofrecen una perspectiva estructural de lo que deben ser las comunidades inmersas en el conocimiento. Es en este punto donde entran a jugar las tecnologías de información y las comunidades de práctica que generan innovación al servicio de las empresas y organizaciones apoyando un solo objetivo común: Asegurar un mejor destino para todos.

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