Más que celebrar las cualidades de un género, reflexionemos sobre cómo vamos y qué es lo que nos falta por hacer para lograr una sociedad más unida y justa.

Cada 8 de marzo, desde que tengo conciencia de los retos que implica ser mujer en la sociedad y de la responsabilidad que tenemos de trabajar por un mundo más igualitario, me enfrento a una de 2 cosas: a las felicitaciones por ser “un regalo de la naturaleza” o “la cosa más bonita de la creación”, o la pregunta malintencionada de “¿por qué no hay un Día Internacional del Hombre?”. Sí lo hay, por cierto, es el 19 de noviembre.

Por esta razón, cada año, en vísperas del 8 de marzo, me descubro en conversaciones sobre este tema con la gente cercana a mí. Tengo la suerte de tener en mi vida amigos muy inteligentes y conscientes de su realidad, a los que les he aprendido muchas cosas. Esta reflexión, es un resultado de esas pláticas y de esos aprendizajes.

El Día Internacional de la Mujer se me hace una celebración curiosa porque me resulta extraña esa necesidad que surge de felicitar a las compañeras y conocidas, principalmente cuando busco día a día reconocer y celebrar a las mujeres con las que tengo el gusto de coincidir. No olvido; sin embargo, que estamos lejos de ser una sociedad equitativa en la que se respeten los derechos básicos y por eso los esfuerzos deben continuar.

Una de las cosas que siempre sale a colación, es que el Día Internacional de la Mujer no es un día para celebrar, sino para reconocer que históricamente las mujeres han tenido que enfrentar discriminación, disparidad, opresión e injusticia y que la lucha por una sociedad más igualitaria continúa. Una conmemoración que nos permite detenernos para conocer los retos a los que el género femenino se ha enfrentado a lo largo de los años y la lucha de tantas mujeres valientes que nos heredaron un mundo más equitativo y menos adverso, pero no completamente justo aún.

También es un día excelente para considerar la misoginia y el machismo que tienen un lugar constante en nuestra cultura, y darnos cuenta de que muchas veces y a lo mejor sin percatarnos de ello, formamos parte del problema y permitimos que los discursos dañinos se repliquen. Que incluso, los repetimos nosotros mismos.

Este día, que tiene como espina dorsal el empoderamiento de la mujer y el trabajo en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, vemos felicitaciones que se basan en las cualidades socialmente establecidas como femeninas: la abnegación, el sacrificio, la maternidad, la pureza, y que algunas veces incluso aluden a la cosificación.

Pero no es un día para que me celebren el hecho de haber nacido mujer porque eso no es mérito mío, no tuve nada que ver con ello. Es un día para hacer énfasis en la importancia de una búsqueda que aún no termina y poner en negritas, cursiva y subrayado las injusticias a las que se enfrentan las mujeres y las niñas, por el hecho de ser mujeres y niñas. Injusticias que muchas veces asumimos como ajenas, pero que están muy presentes en la rutina diaria.

Es necesario que existan días que pongan el foco en los esfuerzos de la sociedad y en un movimiento que, como éste, busca ser incluyente y lucha por la equidad y por un desarrollo íntegro de la mujer. Es importante que se dediquen momentos a entender que la lucha ha ido cambiando a través del tiempo, conforme han cambiado las necesidades, pero el objetivo sigue siendo el de reflexionar sobre cómo vamos y qué es lo que nos falta por hacer para ser factores de cambio en nuestros círculos de influencia.

El Día Internacional de la Mujer es un día para que todos seamos conscientes de las situaciones que se viven a nuestro al rededor y activamente nos involucremos en crear un mundo y un entorno más justo y más equitativo.

Es un día para escuchar y para dejar precedente de que las voces que se levanten van a ser escuchadas. Para que las mujeres sepamos que si hay abuso, discriminación o injusticia, tenemos que hablar. Nuestras voces son importantes porque si queremos cambiar el mundo, necesitamos palabras.

No se trata de festejar un día, ni un conjunto de cualidades, se trata de que celebremos un movimiento que busca una sociedad más unida y más justa.

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